lunes, 18 de julio de 2011

A propósito de Daniel Silva, o el rollo de ser americano y no parecerlo

Confieso que me lo pasé muy bien con sus primeras novelas y que no entiendo porqué otros bestsellers de menor calidad han funcionado mejor en nuestro país que los suyos.

A veces –en un ataque paranoico de alguien con un inconfundible apellido hispano acabado en ez– creo que es por culpa de su nombre.

Daniel Silva, pese a ser norteamericano, no suena lo suficientemente yanqui y eso se paga en un país, como el nuestro, en el que lo anglosajón vende mucho en el campo del thriller. Puesto en la estantería junto a otro escritor cuyo apellido acabe en son o contenga una "w", por poner dos ejemplos, la cosa no ofrece dudas.

Al grano.

Hoy sale a la venta en Estados Unidos el undécimo volumen de la serie de Daniel Silva protagonizada por Gabriel Allon, un restaurador de arte, antiguo espía y asesino de los servicios secretos israelíes.

Se titula Portrait of a Spy (Harper Collins) y ofrece un retrato poco glamuroso de la profesión de espía. Allon, retirado de nuevo, vive en la costa inglesa dedicado a la restauración de obras de arte; sin embargo, un terrorista suicida ha puesto el Convent Garden en su punto de mira y lo recuperará para la causa.

Veremos qué ofrece. El tema del integrismo y las carreras contrarreloj de los buenos para evitar masacres no están entre mis lecturas favoritas ni cuando leo bestsellers.

Las primeras entregas de la serie de Allon tenían el atractivo de recuperar los nazis de siempre –ya viejos, eso sí– que tanto juego dan en Viena o en Venecia, por poner dos escenarios habituales de Silva.

Su última novela publicada en España –de los cuatro allones– es El hombre de Viena (Planeta, 2007).

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