Esta semana no compartimos libros con el cine, así que será un poco menos a medias que en otras ocasiones.
Abriremos con humor, un género que no se prodiga demasiado en nuestro país pese a una tradición que se remonta hasta la novela picaresca.
El título El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson (Salamandra), es de lo más explícito, Narra las aventuras y desventuras de Allan Karlsson, un vejete de armas tomar que se escapa del asilo antes que soportar el homenaje de las autoridades el día en el que cumple 100 años. En su huida roba una maleta con dinero de la mafia.
El malagueño Juan Jacinto Muñoz Rengel realiza un inteligente ejercicio literario en El asesino hipocondríaco (Plaza & Janés), en el que nos presenta a un desastroso asesino a sueldo incapaz de realizar un encargo por culpa de la mala suerte y de su hipocondría. El autor relaciona los padecimientos del tipo con las enfermedades -reales e imaginarias- de escritores de la talla de Volaire, Poe o Proust.
Pocos días del 25.º aniversario de El padrino y a pocas fechas de la Semana Santa, un libro que une la literatura con el viaje. El escenario, eso sí, es lejano: Nueva York. El libro es de lo más entretenido y sugerente, una tentación para mitómanos y cinéfilos: El Nueva York del padrino y otras películas de la mafia, de María Adell y Pau Llavador (Lunwerg).
Sin salirnos del crimen organizado, cerramos con un ensayo -o no ficción- magnífico: En la boca del lobo, de William C. Rempel (Debate). Nos cuenta, con pelos y señales, la historia de Jorge Salcedo, el hombre que ayudó a descabezar al tristemente célebre cártel de Cali. Una pregunta impresa en la contraportada nos ofrece la clave del asunto: "¿arriesgarías tu vida para salvar tu alma?".

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