El escritor danés Jussi Adler-Olsen vino en febrero para participar en BCNegra, la semana de novela negra de Barcelona, pero le gustó tanto la ciudad que se ha quedado varias semanas más para escribir.
Adler-Olsen es un escritor policiaco escandinavo atípico. Lejos de los textos
deprimentes y brumosos de la mayoría de sus colegas geográficos, este
danés barbudo y sonriente carga sus novelas de humor sin renunciar a la
denuncia.
Permítanme un toque pedante citando al gran Chesterton: Divertido es lo contrario de aburrido, no de serio.
Pues eso.
En sus novelas toca temas muy serios pero con una ironía y un sentido del humor muy de agradecer. El mismo que utilizó su editorial en una curiosa campaña de promoción.
En sus novelas toca temas muy serios pero con una ironía y un sentido del humor muy de agradecer. El mismo que utilizó su editorial en una curiosa campaña de promoción.
Maeva publica El mensaje que llegó en una botella, la tercera novela de la serie protagonizada por Carl Mørk, responsable del Departamento Q de casos abiertos de la policía de Copenhague.
Como
en las dos novelas anteriores, los casos policiales se mezclan con la
vida personal de Mørk y con su relación –a ratos desquiciante y siempre
compleja– con sus ayudantes, un perspicaz inmigrante sirio –que asume el
rol de un moderno Sancho Panza–, y una gótica malhumorada.
Ese humor –quizás algo excesivo al principio del libro– no excluye una buena dosis de crítica a determinados aspectos de la sociedad danesa y, por extensión, de la europea.
El
punto de partida es un misterioso mensaje enviado en una botella que
apareció en las costas de Escocia en 1993. Permanece olvidado en un
rincón hasta que alguien se interesa por él, lo envía al laboratorio y
allí descubren que está escrito con sangre humana y que procede de
Dinamarca.
El mensaje acaba en la mesa de Mørk que, casi 20 años después, debe averiguar quién lo escribió y por qué.
Al
mismo tiempo, seguimos al secuestrador y asesino. Sigue actuando con
total impunidad y sin que nadie alerte a las autoridades. El tipo es, en
apariencia, un profesional de éxito, felizmente casado, pero oculta un
pasado turbio relacionado con el fundamentalismo religioso.
Lo mejor de El mensaje que llegó en una botella
es, sin duda, la investigación. Está narrada sin cartas marcadas, ni
milagros científico-forenses, ni casualidades gloriosas, ni personajes
que aparecen de la nada –eso que los clásicos llamaban deus ex
machina–. Paso a paso, aplicando el sentido común, Mørk y su gente
resuelven el enigma. ¡Chapó!
Pero... lo más flojo son los perfiles psicológicos de los protagonistas y su relación. Pese a ser entretenidas, sus vicisitudes no acaban de ser creíbles y a veces se enredan un tanto. El malo, en cambio, está bien construido y tiene mayor coherencia.
Pero... lo más flojo son los perfiles psicológicos de los protagonistas y su relación. Pese a ser entretenidas, sus vicisitudes no acaban de ser creíbles y a veces se enredan un tanto. El malo, en cambio, está bien construido y tiene mayor coherencia.
Este libro recibió en 2009 el premio Glass Key a la mejor novela policiaca escandinava. No es moco de pavo viendo cómo se las gastan allí arriba.

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