Es uno de esos libros que, en la librería, no
hubiera escogido para llevármelo a casa.
Hubiese leído la contraportada y lo hubiera
dejado en su sitio. Y no porque esté mal redactada –Anagrama cuida mucho esos
detalles– sino porque el tema, a priori, no me interesa. No me gustan las
historias aparentemente morbosas ni con espirales autodestructivas. Las
espirales me marean.
Así que La mujer de sombra, de Luisgé Martín (Anagrama), se hubiera
quedado en la estantería.
Un error.
Tras la recomendación de un buen amigo –y buen
lector– empecé a leerla. Y no la pude dejar.
Cuando la puse, al fin, sobre la mesilla, me
sentí turbado. Muy turbado. Había descubierto cosas de mí que hubiera preferido
que se quedasen en un rincón oscuro de mi alma o de mi cerebro. Maldito Luisgé.
El argumento no es que sea lo de menos –que
pocas veces lo es–, lo que sucede es que aquí lo importante es cómo lo
desarrolla Luisgé Martín y cómo lo
escribe.
Veamos.
Antes de morir en un accidente de tráfico,
Guillermo le confiesa a su amigo Eusebio que mantiene una relación
sadomasoquista –y extramarital– con una mujer muy especial, de una belleza
inquietante.
Tras la muerte de su amigo, Eusebio tropieza
con ella por casualidad y se queda prendado. Espoleado por el recuerdo de lo
que le explicó Guillermo, intenta repetir la experiencia sadomaso.
Y no puede. La mujer es con él pura miel, caricias
y ternura. Nada que ver con la dominatrix
que esclavizó en cuerpo y mente a Guillermo.
Pregunta obvia: ¿es la misma mujer?
Historia de identidades equívocas, de obsesiones
enfermizas, y de caídas hacia el infierno, La mujer de sombra es una novela
desasosegante y, parafraseando al autor, molesta.
Y eso no es una crítica, es una constatación. Hasta
un halago. Luisgé Martín confiesa
que escribe para meternos el dedo en el ojo. “La literatura es un arma para molestar”, sostiene.
La prosa es hipnótica, te va atrapando como
una red y lees aunque te incomode lo que te explica.
El lenguaje es descarnado y directo, erótico
por momentos. Pero no va más allá en ese terreno. El drama se construye en la
mente de los protagonistas no en sus genitales.
Luisgé
Martín hace aflorar
en La
mujer de sombra algunos de esos monstruos en los que se transforma nuestro
yo más transgresor y escondido. Sí, sé que suena a manual de autoayuda pero no
se me ocurre otra manera de explicarlo. Además, me asusta.
Este libro se comentó en el programa Julia en la Onda, de Onda Cero, el pasado 5 de abril. Con este enlace se accede a la entrada con el audio completo.
Este libro se comentó en el programa Julia en la Onda, de Onda Cero, el pasado 5 de abril. Con este enlace se accede a la entrada con el audio completo.
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