jueves, 19 de abril de 2012

Lectura... "La mujer de sombra", de Luisge Martín


Es uno de esos libros que, en la librería, no hubiera escogido para llevármelo a casa.

Hubiese leído la contraportada y lo hubiera dejado en su sitio. Y no porque esté mal redactada –Anagrama cuida mucho esos detalles– sino porque el tema, a priori, no me interesa. No me gustan las historias aparentemente morbosas ni con espirales autodestructivas. Las espirales me marean.

Así que La mujer de sombra, de Luisgé Martín (Anagrama), se hubiera quedado en la estantería.

Un error.

Tras la recomendación de un buen amigo –y buen lector– empecé a leerla. Y no la pude dejar.

Cuando la puse, al fin, sobre la mesilla, me sentí turbado. Muy turbado. Había descubierto cosas de mí que hubiera preferido que se quedasen en un rincón oscuro de mi alma o de mi cerebro. Maldito Luisgé.

El argumento no es que sea lo de menos –que pocas veces lo es–, lo que sucede es que aquí lo importante es cómo lo desarrolla Luisgé Martín y cómo lo escribe.

Veamos.

Antes de morir en un accidente de tráfico, Guillermo le confiesa a su amigo Eusebio que mantiene una relación sadomasoquista –y extramarital– con una mujer muy especial, de una belleza inquietante.

Tras la muerte de su amigo, Eusebio tropieza con ella por casualidad y se queda prendado. Espoleado por el recuerdo de lo que le explicó Guillermo, intenta repetir la experiencia sadomaso.

Y no puede. La mujer es con él pura miel, caricias y ternura. Nada que ver con la dominatrix que esclavizó en cuerpo y mente a Guillermo.

Pregunta obvia: ¿es la misma mujer?

Historia de identidades equívocas, de obsesiones enfermizas, y de caídas hacia el infierno, La mujer de sombra es una novela desasosegante y, parafraseando al autor, molesta.

Y eso no es una crítica, es una constatación. Hasta un halago. Luisgé Martín confiesa que escribe para meternos el dedo en el ojo. “La literatura es un arma para molestar”, sostiene.

La prosa es hipnótica, te va atrapando como una red y lees aunque te incomode lo que te explica.

El lenguaje es descarnado y directo, erótico por momentos. Pero no va más allá en ese terreno. El drama se construye en la mente de los protagonistas no en sus genitales.

Luisgé Martín hace aflorar en La mujer de sombra algunos de esos monstruos en los que se transforma nuestro yo más transgresor y escondido. Sí, sé que suena a manual de autoayuda pero no se me ocurre otra manera de explicarlo. Además, me asusta.

Este libro se comentó en el programa Julia en la Onda, de Onda Cero, el pasado 5 de abril. Con este enlace se accede a la entrada con el audio completo.

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